La Perla Antártica o Clavel Antártico es una encantadora planta que crece en forma de cojines o matas de hasta 5 cm de altura, con flores amarillas o blancas.
Pertenece a la familia de las cariofiláceas y es una de las dos especies de plantas con flor nativas de la Antártida, junto con la Deschampsia antarctica, una gramínea.
Distribución geográfica y hábitat
Esta planta tiene una amplia distribución geográfica, que va desde la península Antártica hasta México, pasando por las islas Georgias del Sur, las islas Sandwich del Sur, las islas Malvinas y la cordillera de los Andes. Sin embargo, es en la Antártida donde se encuentra su hábitat más extremo y enfrenta los mayores desafíos.
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Resiliencia y desafíos climáticos
La Colobanthus quitensis, o Clavel Antártico, es increíblemente resistente, capaz de soportar bajas temperaturas, fuertes vientos, alta radiación solar y sequía. Sin embargo, también es muy sensible a los cambios climáticos, especialmente al aumento de la temperatura y la precipitación, factores que influyen en su ciclo de vida, reproducción y dispersión.
Un cambio alarmante
Según un estudio publicado en la revista Global Change Biology, la Colobanthus quitensis ha experimentado un crecimiento y expansión sin precedentes en la Antártida en las últimas décadas, debido al calentamiento global. Los investigadores observaron que el número de plantas se quintuplicó y que el área ocupada se multiplicó por diez entre 1960 y 2018. Además, la planta se extendió hacia el sur, colonizando zonas que antes eran inhóspitas para ella.
Impacto en el ecosistema antártico
Estos cambios pueden parecer positivos para la planta, pero en realidad son una señal de alarma para el ecosistema antártico. La Colobanthus quitensis es una especie invasora, que compite con otras plantas nativas y altera el balance de nutrientes y carbono del suelo. Además, su presencia puede afectar a la fauna local, como los pingüinos, que usan el suelo para anidar y alimentarse.
La alarma científica
Los científicos advierten que la planta Colobanthus quitensis es un indicador de los efectos del cambio climático en la Antártida, una región que se calienta más rápido que el resto del planeta. Por eso, es necesario monitorear su evolución y tomar medidas para proteger la biodiversidad y los servicios ecosistémicos de este continente único y vulnerable.