La glicina, también conocida como glicinia o Wisteria, es una planta enredadera con flor que tiene un encanto especial. Se ha vuelto muy codiciada en todo el mundo por su atractivo ornamental. Esta delicada especie, originaria de China, Japón, Corea y Estados Unidos, puede tardar hasta tres años en florecer por primera vez, pero ¡vale la pena la espera!
La floración de la glicina ocurre en primavera y verano, convirtiéndose en un verdadero espectáculo visual. Sus preciosos racimos de flores, en tonos morados, azul o blancos, pueden alcanzar hasta los 30 centímetros de longitud. ¡Es una enredadera perfecta para cubrir paredes, árboles, pérgolas y enrejados y llenar tu jardín de color y alegría!
Un aspecto fundamental a tener en cuenta es que la glicina necesita mucho espacio para crecer. Puede enredarse hasta 7-9 metros de altura y alcanzar longitudes de hasta 30-50 metros. Por eso, es recomendable no plantarla cerca del hogar, ya que se enredará fácilmente en grietas, hendiduras, rincones y cualquier estructura cercana.
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Luz
La glicina necesita bastante luz para desarrollarse. Aunque puede vivir en semisombra, su floración será más moderada. Lo ideal es que esté expuesta al sol la mayor parte del día para que brille con todo su esplendor.
Temperatura
Esta planta resiste climas extremos, incluso heladas, pero vive idealmente en zonas de clima templado. Las temperaturas muy frías pueden afectarla negativamente.
Poda
Es importante podarla a fines del invierno, dejando unos pocos brotes por tallo y eliminando al menos la mitad del crecimiento del año anterior para estimular un nuevo crecimiento y una buena floración.
Riego
La glicina tiene la capacidad de resistir ciertos periodos de sequía, pero esto podría afectar su floración. Es recomendable regarla regularmente en verano, manteniendo el suelo húmedo pero sin encharcamientos para evitar que sus raíces se pudran.
Suelo
Se adapta mejor a los suelos arcillosos, fértiles y con buen drenaje. Es beneficioso evitar los suelos calcáreos para asegurar su crecimiento óptimo.
Precaución con las semillas y vainas
Es fundamental resaltar que las semillas y vainas de esta planta son tóxicas para los humanos y la mayoría de los animales. Todas las partes de esta enredadera contienen glicina y lectina, compuestos químicos que, si se ingieren, pueden provocar dolor de estómago, diarrea, vómitos y ardor en la boca. Por eso, hay que mantener controlado el crecimiento de las raíces.